Coincidiendo con el día del Carmen, patrona de los marineros, el Chasula zarpó el pasado 16 de julio en una excursión marítimo-turística a la pintoresca y curiosa Illa da Rúa, un pequeño islote pedregroso de unas 4 hectáreas situado casi en el centro de la ría de Arousa. La orografía isleña destaca por su imponente paisaje de grandes bloques graníticos redondeados, presidido por un faro histórico del siglo XIX.
Durante la travesía, que comenzó en Cambados, se pudieron observar los distintos micromundos que genera la ría de Arousa, tanto en lo que respecta a la biología marina como a la actividad humana en el medio marino. Cerca de O Grove, la primera estampa fue la de los mariscadores de navaja, «os navalleiros», aprovechando la marea baja para buscar este preciado molusco, imagen que no siempre es posible ver por la amplitud de la marea alta o temporada de veda.
Otras estampas impactantes fueron las colonias de aves marinas o los siempre sorprendentes «arroaces», cetáceos que técnicamente son delfines mulares (Tursiops truncatus).
Imagen de un cetáceo realizando un espectacular salto en otra salida del Chasula. La fotografía, obra de Xabier V. Pumariño, pertenece a nuestra otra web chasulaaves, dedicada al avistamiento de aves marinas a bordo. Durante esta jornada de navegación a Rúa, pudimos vislumbrar también varias manadas de «arroaces».
Mientras se navegaba, también se escuchaban en la lejanía las bombas pirotécnicas de las distintas procesiones marítimas en honor a la Virgen del Carmen que se celebraban ese día. Después de cruzar media ría, llegamos a nuestro destino: la isla pedregosa de Rúa, cuya silueta granítica le otorga cierta singularidad.
El amarre en la isla conlleva cierta complicación. Al no disponer el islote de pantalán ni de puerto, el barco tiene que asegurar sus cabos arrimado a una zona concreta sobre las grandes piedras, una maniobra que no siempre es posible en días de fuertes vientos o mar de fondo. Esta singularidad permite, de forma indirecta, que no sea una isla masificada, ya que el atraque es totalmente desaconsejable para patrones inexpertos; esto garantiza una mayor tranquilidad para las múltiples aves que anidan en el entorno. Sin embargo, gracias a la pericia de la tripulación del Chasula, al mando del patrón Isidro, se consiguió el amarre de la embarcación entre las rocas sin novedad.
Una vez fijado el Chasula, los pasajeros disfrutaron de tiempo libre para descubrir a pie los encantos de la isleta.
La silueta de Rúa desde el mar hace prever un puzle de rocas intransitable que obligue a realizar un ejercicio de semiescalada entre las piedras. Sin embargo, la sorpresa viene cuando se descubre que la senda hasta el faro está perfectamente acondicionada —dentro de lo que cabe en un espacio deshabitado— con caminos adoquinados y escaleras.
El principal atractivo de Rúa, aparte de su singular orografía, sus numerosas aves marinas y las vistas panorámicas, es su singular faro histórico, obra de Rafael de la Cerda en 1864. Para su construcción se utilizó granito tallado de la propia zona, lo que lo enmarca aún más entre este entorno.
Otra curiosidad es que en su construcción se empleó un plano idéntico al del faro de la isla de Ons, por lo que ambos edificios son gemelos, una réplica el uno del otro, tanto en su estructura como en el diseño exterior de las ventanas.El faro se puede visitar por dentro; en los restos que quedan, pese a estar conservados, se nota claramente que es un lugar actualmente deshabitado.
En ambos casos se yergue sobre una torre cilíndrica de mampostería de 14 metros de altura encajada en la fachada.En sus tiempos vivieron allí los fareros y sus familias, pero actualmente se encuentra automatizado y deshabitado.
El islote, pese a su aspecto inhóspito —como un gigante saco de cantos rodados abandonado en el mar—, cuenta con un pozo natural de agua dulce, entre el granito, algo muy inusual para un afloramiento rocoso tan pequeño. Esto facilitó la supervivencia de sus habitantes, a los que había que abastecer de víveres al ser un lugar no propicio para la agricultura
Tras la excursión por el islote, y antes del yantar, algunos pasajeros se dieron un baño en sus aguas cristalinas, aprovechando las buenas temperaturas y la calma de esa jornada de julio.
Llega la hora de la comida, y el "Patrón chef" Isidro no escatimó en buenas viandas.
Los mejillones al natural saben mucho mejor en esta atmósfera marina.
Almejas a la marinera preparadas a bordo
Ensalada fresca típica del verano Un festín de empanadas de xoubas y zamburiñas que hicieron las delicias de todos los pasajeros.
El grupo de alemanes disfrutó de la variedad del «menú Chasula» compuesto por productos del mar, entre los que también destacaron unos increíbles mejillones en escabeche.
Toda buena comida debe acompañarse con un buen vino; como no podía ser de otro modo, los caldos blancos del Salnés, con su prestigioso albariño, regaron el jugoso menú.
Y para rematar, una impresionante empanada de manzana que dejó mudos a todos los comensales.
Acabó la travesía con la satisfacción de haber vivido una experiencia inolvidable, sobre todo para el grupo de turistas alemanes, siendo este singular viaje objeto de un artículo en el periódico Faro de Vigo.


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